miércoles, 9 de marzo de 2011

Noche de gala

Sonia: -Hey, Mariano. Al fin te encuentro entre tanta gente
Mariano: -Acá estoy.
Sonia: -...simpática, la fiesta. No?
Mariano: -Simpática. Vos lo dijiste.
Sonia: -¿Pasa algo?
Mariano: -No me pasa nada, estoy listo.
(Silencio)
Mariano (sorprendido): -Está Viviana, no sabía que iba a venir... Esto no era lo que habíamos hablado, Sonia, así no puedo.
Sonia: -Tengo entendido que ya se va, tiene que cuidar a los nenes, quedate tranquilo. Faltan 20 minutos.
(Silencio)
Mozo: -Canapé?
Mariano: -No, gracias.
Sonia (sonriendo irónicamente): -Dale, comé. Que si no mañana no vas a tener fuerzas
(Mariano la ve, toma un canapé y se lo traga)
(Silencio)
Sonia: -Ahí se está yendo, creo. Está muy linda, preciosa. Lástima que sea ta zorra, verdad? Ya te dije lo que pienso, para mi tiene que estar acá esta noche, junto a todos los invitados. Junto a vos, junto a mi.
(Silencio)
Sonia: -Bueno, se puso tensa la conversación! Supongo que deberíamos llevar una charla más banal. Por ejemplo, el color y la decoración de las mesas me parece exquisita.
Mariano: -Cierto
Sonia: -Y el vestido de la novia también. Lástima la panza... Deberían haber esperado a que naciera el pibe.
Mariano: -La nena...
Sonia: -Es cierto. De todas formas ¿Qué importa, verdad?
Mariano: -No seas tan insensible Sonia, por favor.
Sonia: -Y vos dejá de ser un maricón o andate ya mismo, Mariano. No necesito tus inseguridades.
Mariano: -No me voy a ninguna parte. Pero mierda, cerrá la boca por un rato. Te lo pido por favor.
(Silencio) (Miradas, saludos, formalidades) (Silencio)
Sonia: -Siempre te importó tanto... Hasta hoy, hasta el último día. Y nunca lo entendí (mira el reloj) Si tan mal te hizo. Yo siempre estuve al lado tuyo, sabés. Sólo en mi depositaste tanta confianza. Sólo conmigo podrías haber tomado la decisión de esta noche. Juntos. Pero ella siempre te importó tanto, mierda.
(pequeño silencio, mira el reloj)
Sonia: -Ya casi. Sólo me queda la satisfacción de saber que hoy te vas a ir conmigo (le toma fuerte la mano) y ella también va a volar (la señala con la cabeza)
Mariano: -Viviana!

(Se apagan las luces y suena una bomba)
(Silencio)
(Se prenden las luces. Aparecen los tres recostados a iguales distancias)

TELÓN.

domingo, 6 de marzo de 2011

Rico

Punto caramelo, corazón
(no te olvides)
punto caramelo y helado bombón.
Paso a contarte una historia melosa
cursi, quisquillosa
llenita llenita de dolor.
Vos mientras seguí cocinando
(yo pongo la mesa)
Quizás... hasta tenga el valor.
Y mientras comamos
y mientras yo te cuente mi historia
te clave el tenedor.

lunes, 21 de febrero de 2011

Mañana

Voy a ser grande
voy a ser nueva.
Quizás por ese entonces
no te recuerde tanto.
Quizás me olvide
quizás me pierda
quizás te sienta
de vez en cuando.
Voy a ser limpia
voy a ser loca.
Sentiré a veces
que tu me tocas.
Te habré olvidado
te habré vendido
habré desangrado
por los rincones.
Habré llorado
un tiempo antes.
Habré esperado
que tu me llames.
Habré muerto
luego renacido.
Me habré peleado
con los amores.
Habré descreído
y habré pensado
que de nuevo nadie
amarme podría.
Te habré buscado
y encontrado distinto
decepcionado un poco
de los caminos.
Habré gritado, seguramente
llamando tanto la atención.
Me habré golpeado
mil veces
cual demente
con la amarga decepción.
Habré reido
¡Qué joder!
Habré llorado,
cataratas.
Te habré buscado
¡Por todas partes!
Recordando este día
recordando este momento
en el que fuiste amado.

viernes, 11 de febrero de 2011

Confesión

Estábamos tomando mate. Me acuerdo que estabamos tomando mate porque me molestaba pensar que después me iba a quedar el gustito ese, medio campestre. No es que no me guste, pero no era nada romántico. Había unos twistos medio vacíos en la mesa, arriba del diario que releías.

Estábamos hablando de boludeces, que seguramente en ese momento serían muy importantes. Estábamos mirándonos de vez en cuando. Cuando el otro no miraba, se escapaba un vistazo rápido, fugaz. Es que por lo menos yo no quería que te asustaras.

Estabamos pensando, pensando quizás de más. En el otro. En cómo leía la noticia, cómo comía los twistos, cómo cebaba mate, cómo apoyaba la mano sobre la mesa, cómo se sentaba.

Estábamos leyendo las noticias, comiendo twistos, cebando mate, apoyando las manos en la mesa, sentándonos, bien juntitos, cuando yo te amé.
Por qué no te lo dije, mierda?!

martes, 18 de enero de 2011

Tiempo de

El otro día me di cuenta de algo que me conmocionó: desde chiquitos, desde que empezamos a escuchar, nos hacen creer que estamos subordinados, atrapados, condicionados por una cosa a la que llaman tiempo
Y así todos nuestros planes, nuestras expectativas, nuestros proyectos, hasta nuestros deseos se ven estructurados por un tic tac permanente con fecha de vencimiento. Me costó darme cuenta, porque es algo que absolutamente todos tenemos incorporado, pero confío en que me van a entender.
A veces hasta nos hacen creer que eso a lo que llaman tiempo cambia de velocidades, de ritmos. Llega un punto en el que ya lo sentimos así, porque medimos con tiempo, medimos con horas, medimos con siglos.

¿Cuánto tardó tu mamá en terminar la facultad? Cinco años
¿Cuánto tiempo te llevó sacarte de la cabeza al último flaco que te movió el piso? Cuatro meses
¿En cuánto estás? En cinco
¿Cuándo volvés, amor? Dentro de un mes

Pero
¿Qué pasa si te digo que mi mamá tardó 382 libros y tres ensayos en terminar la facultad?
Si aseguro que me llevó 28 llantos desconsolados olvidarme de ese flaco que me voló la cabeza.
Si te cuento que en 30 metros y un poco de transpiración estoy en tu casa.

Hace un tiempo me empecé a manejar así, esquivando el tiempo.

Probablemente porque falta más que "un mes" para tu llegada, tu regreso. Faltan depresiones, faltan confusiones, faltan tormentas, lloviznas y soles. Faltan desesperaciones y despreocupaciones. Faltan caídas, golpes y goles. Faltas vos. Un mes se queda corto, y yo no me quiero perder de nada.

Así, así, así de desorientada

Este va así eh. Sin escribirlo antes en mi cuadernito de escritos. Sin demasiadas metáforas, que siempre son lindas pero hoy me molestan, me cansan. Este va así eh. Sin vueltas, me importa un carajo que sea cursi, me importa un carajo que ya lo hayas escuchado por ahí, me importa un carajo si no te gusta. Porque la verdad es que estoy caliente, loco. Este va así y no me jodan más. Este va así porque me está brotando de la boca, porque lo estoy escupiendo y sale así...

Y la puta madre, ya empecé a usar metáforas de nuevo.
Ahora me callo.

jueves, 13 de enero de 2011

A. en el malón.

Despertó en medio de la noche y se arrancó del pecho la punzante flecha que había acabado con su vida... ¡Acabado con su vida! No, esa flecha en realidad la había liberado de la muerte misma. De la deshonra. Porque en la existencia sin honra se respira humo y se tragan clavos, pensó A. Ahora ya se había fusionado con algo más allá de la vida, y por un instante nada importó.

Entonces él tomó su mano. Él, a quien había querido como a un hermano y luego deseado como al deseo mismo. Él no tenía que morir, era una lástima, pero ya nada podía hacerse. Ahora sí estaban juntos, unidos eternamente por la flecha de la muerte. ¿O de la vida?

Pero algo importaba todavía más. Si, el gusto a sangre se lo recordaba. Sus manos ampolladas y sucias, sus ropas de hombre y de tierra. Tierra de muertos. Muertos de tierra y barro. Alli vivos.

¡Hermanos! Gritó. Era angustia despidiéndose y sincera incertidumbre su voz. ¡Hermanos! Exigió. No morí por ustedes. A. murió con ustedes, y aquí está, amándolos y cuidándolos hasta el fin de lo que esto sea. ¡Hermanos! No sea tímido y hable, Martín querido. No sea perezoso y venga, mi Ignacio.

Y sus hermanos se acercaron. En los brazos de Antígona, Antígona Vélez, se acurrucaron y descansaron al fin.